lunes, 31 de agosto de 2026

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Una escalera hacia el patio hundido: la casa que desafía la pendiente en Tarragona

Una vivienda en Cala Tamarit (Tarragona) convierte el desnivel en un recorrido arquitectónico con una escalera que desciende a un patio hundido.

Beatriz Lorenzo Aguirre
Beatriz Lorenzo Aguirre
· 3 min de lectura

El estudio Raúl Sánchez Architects firma una vivienda en Cala Tamarit (Tarragona) que convierte el desnivel en un recorrido arquitectónico. La entrada es una escalera que desciende a un patio hundido.

La vivienda, diseñada para dos personas que teletrabajan, se levanta sobre una colina en la costa tarraconense. Sus propietarios buscaban materialidad frente a inmaterialidad, según el estudio, y el resultado es una casa que se descubre progresivamente.

El acceso se realiza mediante una escalera exterior de hormigón que desciende hacia un patio ajardinado hundido. Al bajar los escalones, se pierde la referencia del entorno para adentrarse en un ámbito íntimo y silencioso, con paredes tintadas y el cielo como único techo.

Un salón de doble altura como núcleo visual

Desde el patio, la entrada desemboca en un gran espacio de estar de doble altura. Tras la compresión del recorrido descendente, el salón se presenta como un ámbito amplio y vertical, bañado por la luz y conectado visualmente con distintos niveles de la casa.

“La casa no se revela de una sola vez, sino que se descubre progresivamente”, explica el estudio. “Al recorrerla, se descubre que tiene mucho más que ofrecer de lo que parece a primera vista”.

Volúmenes escalonados y piscina infinita

La Casa en Cala Tamarit se organiza en dos volúmenes escalonados que generan balcones y terrazas exteriores vinculadas al desnivel natural. En el lado opuesto al patio hundido, el salón y la cocina se abren a plataformas exteriores en distintos niveles. En la zona superior hay una zona de descanso, mientras que en la inferior aparece una piscina infinita que actúa como transición hacia el jardín, que desciende suavemente hasta un barranco arbolado.

En el exterior, la vivienda está construida íntegramente en hormigón visto pigmentado con un tono amarillo cálido, impuesto por la normativa urbanística local. Este acabado macizo se matiza con nervaduras de madera que protegen las ventanas, aportando sombra y privacidad. El resultado es una fachada casi monolítica que dialoga con la topografía sin mimetizarse.

En el interior, el hormigón permanece a la vista y se combina con superficies blancas pensadas para acoger la colección artística de los propietarios. La distribución es flexible y fluida, con la doble altura del salón como núcleo visual y espacial alrededor del cual se articulan el resto de estancias. Una escalera metálica, rematada por una claraboya, conduce a los dormitorios de la planta superior. En contraste con la crudeza del hormigón, estas zonas privadas incorporan armarios empotrados de madera y baños alicatados que suavizan la experiencia doméstica.

Para el lector interesado en arquitectura o en buscar ideas para una vivienda en pendiente, esta casa demuestra que el desnivel puede ser un aliado en lugar de un problema. La clave está en asumir la topografía y convertir el recorrido en una experiencia sensorial. La vivienda, finalizada recientemente, no está en venta, pero sirve como ejemplo de cómo integrar una construcción en un terreno complicado sin renunciar al confort ni al diseño.

Beatriz Lorenzo Aguirre

Escrito por

Beatriz Lorenzo Aguirre

Redactora

Periodismo económico por la Carlos III y lectora compulsiva de cuentas anuales. Cafés a destajo, alergia a las notas de prensa vacías y memoria para los ERE; en Iber Empresa escribe de empresas y empleo.